Gracias, Señor, por el don de tu llamada
A finales del mes de octubre, ha comenzado su camino una joven guatemalteca en la Casa de Formación de Madrid. ¡Bienvenida, Élida! ¡Qué el Señor te acompañe en esta nueva etapa de formación para que des fruto y que éste sea abundante!
Ella misma nos cuenta su experiencia en estos primeros días:
¡Paz y Bien en el Señor!
Es un amor “que no aplasta, es un amor que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que cura y que levanta. Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que, de prohibición, de dar nueva oportunidad que, de condenar, de futuro que dé pasado”. Con estas palabras del papa Francisco en la exhortación CRISTUS VIVIT. Identifico a Dios, lo he descubierto a lo largo de mi caminar con él, y es lo que me inspira a seguir esta opción de vida.
Tengo un año y diez meses de estar haciendo mi experiencia vocacional con las hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas. Soy de Guatemala. Hace unos días pisé tierras españolas. Por mucho tiempo estuve en espera para hacer el viaje. Fue toda una odisea, podría decir, para llegar a donde estoy. Al principio cuando las hermanas me dieron la noticia de que mi formación sería en España, lo único que dije al Señor es que estaba a su disposición, que hiciese conmigo lo que le pereciese mejor. Poco a poco fuimos haciendo las vueltas para los tramites de la visa, que por cierto fueron muchos. Finalmente, todo se fue realizando gracias a Dios, y me concedieron la visa. Durante todo este tiempo atrás me fui preparando mental y espiritualmente, pues todo lo que voy a encontrando será totalmente nuevo para mí (ambiente, las personas, las hermanas, mi formadora, país, etc.). Al llegar he sentido la acogida hospitalaria de las hermanas y demás personas que voy conociendo. En esta nueva etapa que he empezado, me siento con ilusión y deseos de aventurarme en la cotidianidad con Jesús Nazareno. y con muchas otras emociones y sentimientos encontrados. Pido al Señor su fortaleza, su amor y su gracia.
Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Hna. Élida






