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Un encuentro de alegría desbordante - IV Domingo de Adviento

Un encuentro de alegría desbordante - IV Domingo de Adviento


Nos cuenta el evangelista de los pobres, San Lucas, que la visita de María a su prima Isabel fue un encuentro de alegría desbordante, es la verdadera alegría de los pobres, de los pequeños y sencillos, porque a través de ellos viene la salvación que esperamos.

A ejemplo de estas dos mujeres, María e Isabel, a través de un encuentro, el amor que se manifiesta entre ellas y las ganas de ayudar a quien lo necesita, olvidándose ambas de sí mismas y de lo que la gente puede decir de ellas, se hacen presente en las necesidades de los demás, y así mismo presente el amor de Dios.

Por medio de estas dos mujeres, Dios quiere encontrase en cada un@ de nosotr@s. Para ello tenemos que estar atentos como María a lo que Dios nos pide en nuestra vida diaria, abrir nuestro corazón con plena confianza a su amor misericordioso y con fe en las promesas del Evangelio.

Como en aquel pueblo pequeño de Judá “Belén de Efrata” un lugar sin importancia, vino el salvador del mundo, el libertador, consolador, el Emanuel, el Dios con nosotros, el que nuestro corazón anhelaba ver y sentir y se manifestó a la gente sencilla y en una aldea insignificante para el resto de las ciudades del pueblo de Israel, de la misma manera el corazón sencillo y pequeño, pero de gran esperanza de nuestro padre Cristóbal se encontraba con su Señor, en el ser más pequeño y vulnerable que el mismo Dios le daba como don: los niños, los ancianos, pobres etc. Se dejó abrazar por la madre de su Señor para poder acoger como ella, a todos los que se le presentaban en su vida.

Es por eso que decía que se alegraba de que fuera la madre de Dios, porque la madre siente la necesidad del hijo, va a visitarlo y se pone en camino para servirlo.

Roguemos a Dios que nos dé el don del servicio y como María estemos siempre atentos a las necesidades de los más débiles.