Muerte, ¿dónde está tu victoria?
Estoy aprendiendo a mirarte de frente,
a reconocerte vencida den la Cruz
Afirmado en mi Señor Resucitado, te miro
como mira un niño la jaula de los leones
desde los fuertes brazos de su padre
Todo entero incorporado
al primer nacido de entre los muertos,
comparto desde ahora la vida nueva de mi Señor y amigo
En su cuerpo y en su sangre lo he puesto todo:
mi mundo, mis ojos, mis palabras mi pensamiento;
mis luces, mis oscuridades, mis gozos y mis lagrimas;
mis limites, mi carne, mi espíritu
y hasta las oscuras profundidades de mi ser.
¿Qué te queda, muerte, sino un poco de polvo?
Eres dintel solamente. la puerta es mi Señor
Quedan de este lado
los tiempos, las duraciones, los caminos.
Al atravesarte, se rompen los limites
y empieza la inagotable novedad.
Voy con cristo, me basta ahora su camino de pobres,
Voy transfigurado, nuevo y yo mismo.
gratuitamente vencedor y vencido,
Cristo me arrebató, me tomó para sí:
ya no soy tuya, muerte.
Así, humildemente vencida, te has hecho hermana.
“hermana muerte”, pequeña, gris,
servidora de nuestra Pascua
(E. Gumacio)






