Al Rey de la vida y del caminar: Jesús Nazareno
Hoy es momento para agradecer al Dios del Tiempo y de la Vida, por tanto amor que derrochó, derrocha y derrochará para con cada una de nosotras, sus hijas e hijos predilectos. Hoy termina el año Litúrgico y celebramos la Fiesta de Jesucristo, Rey del universo. Jesús, a quien hemos acompañado como discípulas a lo largo de todo el año, ha anunciado con su Palabra y sus obras la venida del Reino de Dios. El Padre ha puesto todo en sus manos y ahora se manifiesta como rey, como SEÑOR DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO. Jesús se manifiesta como rey a través de su muerte en la cruz. Solo uno es capaz de reconocer su realeza. Nosotras, Hermanas Hospitalarias, volvemos nuestra mirada a los 349 años de existencia y vemos su reinado en nuestra Congregación, por ello le damos gracias, por haber permitido vivir un año más de GRACIA Y PREPARACIÓN, puro regalado de amor, por lo cual nos comprometemos continuar anunciando con su gracia…su Reino, entre los pobres y necesitados; como lo hizo nuestro Padre Cristóbal, quien proclamó con su vida la realeza de Jesús Nazareno, siguiendo sus Huellas de misericordia y caridad.
Huellas que sólo en el calvario y entrega mostraremos la realeza de Cristo; pues es un rey muy especial, paradójico, que “reinas desde la cruz”.
Hoy hay tantos crucificados, sumidos en la miseria y abandono, son otros Cristos en llagados y crucificados. Son esas huellas y caminos a seguir, Señor abre nuestros sentidos y ayúdanos hacer ya presente tu reino de amor, en nuestra continua entrega a los demás.
Porque no hay reinado de Dios fuera de la entrega, Jesús se entregó a la muerte dando inicio a su Reinado. Nosotras, sus seguidores, tendremos que aprender esta lección.
Cristo no dejará de reinar entre nosotras, mientras existan cristianas y cristianos que pongan a disposición sus vidas para que otros no lo vayan a perder. ¿Por mi entrega hago reinar a mi Señor?, ¿Le estaré sirviendo como él se merece y desea de mí? Tenerle como Señor e ir tras el éxito, el poder, el dinero, el placer como razón de mi vida no es compatible.
El ladrón es un buen modelo en la fiesta de hoy. Con el rey compartió el reino quien estuvo en su mismo suplicio. El compañero de la pasión no quedó olvidado. Quien supera el escándalo y comparte su suerte, aunque sea ajusticiado, le acompañará en su triunfo eminente. Fue un malhechor el primer ciudadano del Reino. El hombre, que sabía su culpa, supo aprovecharla y lograr un puesto en su Reino. Compartió su triunfo quien había compartido el patíbulo. Quien no es compañero en la entrega no lo será en su reino. ¿Le estaré acompañando desde la entrega de mi vida o permanezco considerando la cruz como realidad innecesaria y externa a mi vida? ¿Sé suplicar la venida del Reino? ¿Vivo anhelándolo en mi vida?. Si Jesús ha sido investido rey mediante su pasión, nadie puede ilusionarse con entrar en su Reino si no hace propio el camino real por él recorrido: Declararse súbdito de Jesús impone la servidumbre de la cruz. Mal podría reconocer la soberanía de Cristo si no asumo el modo como la obtuvo. No es la cruz sino Cristo Crucificado la meta de la vida del cristiano.






