«Aquí estoy, Señor, hágase tu voluntad»
La vida consagrada es una forma de seguir a Jesucristo más de cerca, entregándose a Dios y al servicio de los hermanos y hermanas, especialmente de los más pobres y necesitados. Es una vida que brota de la experiencia del amor de Dios y que se expresa en la comunión fraterna, la oración, el silencio y la misión.
Entre las muchas de personas consagradas que han vivido con alegría su vocación, estamos nosotras, las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas, que hemos hecho de la caridad hospitalaria nuestra razón de ser. Cuidamos con ternura y misericordia a niños, ancianos, mujeres, enfermos, marginados y excluidos, ofreciéndoles no solo ayuda material, sino también espiritual y humana. Queremos ser testigos de la alegría del Evangelio, que llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús.
La alegría de la vida consagrada no es una alegría superficial o pasajera, sino una alegría profunda y duradera, que nace de la fidelidad a la voluntad de Dios y de la entrega generosa a las y los demás. Es una alegría que se alimenta de la oración, de la escucha de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación. Es una alegría que se comparte con las hermanas de comunidad, con quienes se forma una familia espiritual. Es una alegría que se irradia al mundo, como signo de esperanza y de amor.
La vida consagrada es, pues, una vida de alegría, porque es una vida de amor. Un amor que se hace servicio, que se hace don, que se hace entrega. Un amor que imita el amor de Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, que se hizo siervo para lavarnos los pies, que se hizo pan para alimentarnos, que se hizo cordero para redimirnos. Un amor que nos invita a todas y todos a decir con plena conciencia y libertad: «¡Aquí estoy, Señor, hágase tu voluntad!», que es el lema escogido por el Papa Francisco para celebrar la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que coincide, como cada año, con la fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero.






