Hay un momento para dar gracias al Señor, después de mucho
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? (Sal 116, 12).
Así me pregunto, haciendo mías las palabras del salmista, ante mi vocación religiosa y mi profesión perpetua. El mismo salmo me da la respuesta: «Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor. Cumpliré mis votos ante la asamblea» (Sal 116, 13). Sí; doy gloria y gracias a Dios por el don de la vocación y de mi profesión perpetua, para vivir de por vida consagrada a Dios siguiendo los pasos de Cristo, pobre, obediente en la Congregación de las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas.
Nuestra Congregación, de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas, amigos y el pueblo de San Juan Tecuaco nos congregamos en la Parroquia San Juan Evangelista, Departamento de Santa Rosa, Guatemala, en una humilde, sencilla y bonita celebración para ser testigos de la obra que Dios va haciendo en mí. Me siento profundamente llamada a la Vida Religiosa como Hermana Hospitalaria de Jesús Nazareno, Franciscana.
Después de un proceso de doce años en la Congregación, me siento feliz por dar el sí definitivo a Dios para vivir mis votos a Él, siguiendo el Carisma y la Misión, de acuerdo con nuestras constituciones. Para mí, se trata de un compromiso de por vida con mi comunidad por el bien de la Misión, y de un «estar para siempre» con mi Dios.
El 13 de octubre de 2024 no fue cualquier día en mi vida, fue uno de esos días en el que desde sale el sol damos gracias a Dios y nos disponemos a vivirlo con intensidad; no fue un día más, fue uno de los días más felices de mi vida, jamás lo olvidaré. Ese día lo viví con mucha alegría, emoción, gozo y agradecimiento por eso las palabras que el Papa Francisco dirigía a los Religiosos Consagrados hicieron mucho eco en mí: «Ésta es la belleza de la consagración: es la alegría, la alegría…» La alegría de llevar a todos la consolación de Dios.
«La alegría no es un adorno superfluo, es exigencia y fundamento de la vida humana. En el afán de cada día, todo hombre y mujer tiende a alcanzar y vivir la alegría con todo su ser.»
A las Hermanas de la Congregación que han hecho todo lo posible para acompañarme físicamente y espiritualmente. A mis familiares y amigos, que desde lejos estaban unidos conmigo en la oración. Muchas gracias por todo.
A toda la gente querida de San Juan Tecuaco que nos encontramos, hizo de este día uno de los momentos más importantes que marcan un “antes” y un “después” en mi vida. El amor recibido, el cuidado, la esperanza fuerte, la oración y la alegría han dejado en mí un pozo inagotable grande, que me llena de calidez cada vez que lo recuerdo, y me sigue sorprendiendo lo bueno que es Dios. ¡Estoy tan contenta y agradecida, que les doy muchísimas gracias por sus detalles!
Finalmente compartirles la frase que ponía en la tarjeta de invitación de los votos: “Me casaré contigo en matrimonio perpetuo”. Ojalá que esta experiencia de alegría y entusiasmo misionero que he vivido con estos Votos Perpetuos y que les he transmitido, les haga recordar su consagración religiosa y les anime a vivirla con mayor fidelidad y entrega en el día a día de su vida consagrada.
Que el Señor bendiga a nuestra Congregación y nos de muchas y santas vocaciones.
Paz y Bien
Hermana Fabienne Blaise






