¡ALLANAD LOS CORAZONES …Tiempo de cambio!
Esta segunda semana de Adviento, sin duda es una invitación a preparar el corazón para seguir creciendo , que es lo mismo, que decir a seguir cambiando, por ello “Allanad los corazones" lugar donde Dios hecho niño se cobijará.
San Juan Bautista, invita a preparar el camino al Señor. “Una voz grita en el Desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos, elévense los valles, desciendan los montes y colinas, que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale, y todos verán la salvación de Dios”
Es una invitación al cambio de actitud, para suavizar la aspereza del orgullo, llenar los vacíos existenciales; con actitudes de mansedumbre y humildad, para hacer espacio a Jesús que viene; por ello la tarea es dar signos de cambio en la vida, notorios para las personas con quien interactúan. Vivir desde el cambio con la capacidad de mirarse a los ojos y decirse lo que realmente siente, piensa, desea…si crea espacios de diálogo, de encuentro de mentalidades…si hace un esfuerzo por entender-se, acercar-se, acoger-se…si favorece a cambiar de mentalidad, manera de ver las cosas, entender la vida en clave de FE. En una palabra: CONVERTIRSE. El Salvador que viene es capaz de transformar la vida con la fuerza de su Espíritu y la fuerza de su amor.
Dejarse a la sombra, al camino y mirada de Dios, como increpa el profeta Baruc: “Ha mandado al bosque y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel., porque Dios guiará a Israel con alegría a la Luz de su gloria, con su justicia y su misericordia” Dios vela por su pueblo y el pueblo se fía a pesar de la incertidumbre, cultiva su Esperanza y su Fiat. Sin olvidar la realidad doliente que rodea al mundo y nos sangra, apostar por vivir con verdadero espíritu de búsqueda, de discernimiento y de cambio; seguro que ello ayudará a seguir creciendo y a intensificar el compromiso en favor de quienes sufren.
Que sea un tiempo de gracia y esperanza para renovar desde lo más profundo el corazón y así mantener unida la sociedad creada por Dios, arrimar el hombro para allanar el terreno: ¿Quién pudiera negarse, tratándose de la causa de Cristo que abre su misterioso camino hasta los extremos de la tierra?.
¡Seguro que nadie! ¡Ánimo!






