“No me eligieron ustedes a mí sino que yo los elegí a ustedes” Jn.15,16
Ayer, celebración de la Jornada de oración por las vocaciones y vocaciones nativas, fue un día especial para toda la Vida Religiosa y, en especial para nosotras, Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas, pues Dios se fijó en cada una de nosotras y sin ningún mérito ¡Qué dicha! Ser suya, ser de Cristo; por ello agradecemos infinitamente a cada persona de buen corazón que oró y ora por nuestra fidelidad para unirnos e identificarnos con nuestro Creador y ser signos visibles de Cristo.
Tenemos también gran conciencia y compromiso contenidas en nuestra Constitución numeral 115, para prolongar su Reino, secundamos la palabra del Seños que nos susurra” Rogad al Dueño de la Mies que envíe obreros a su mies” Mt.9,38 y firmes en Dios que no deja de llamar, nos responsabilizamos de cooperar con Él, en el fomento, cultivo, desarrollo y consolidación de las vocaciones que él elige.
Lo hacemos principalmente, con la oración y el testimonio de nuestra vida viviendo con gozo y sencillez en verdadera comunión fraterna, y en auténtico compromiso apostólico con el Evangelio y con el espíritu renovado de nuestro fundador de forma que nuestras comunidades puedan decir a las jóvenes la palabra de Jesús: “Venid y Ved” Jn.1.39
Por ello invitamos a cada joven a preguntarse ¿Qué quiere Dios para mí vida? Pues la vocación es un don y para acogerlo es necesario dejarle espacio en nuestras vidas, hacer silencio en nuestro interior. La vocación es una llamada silenciosa que va desplegándose a lo largo de toda nuestra existencia. Tú eres única e irrepetible y no puede ser sustituida el puesto que ocupas en el universo de la Humanidad; es un adentro que tiene necesidad del afuera. Te invitamos escuchar la voz del Señor, no para quedarte ahí, sino para cambiar y avanzar con mayor fuerza en la realización de aquello lo que hemos sido creados.
¡Ven …camina con nosotras en la senda del Señor!






