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La comunicación en el mundo religioso

La comunicación en el mundo religioso


El día 29 de mayo se celebra la LVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en la que el Papa Francisco nos invita a escuchar con los oídos del corazón. 

Los institutos religiosos son organizaciones verdaderas e inmersas en una cultura específica de un tiempo y lugar. La cultura de nuestro tiempo es la digital y la vida religiosa debe tener en cuenta esta realidad, para aprovechar el bien que aporta y aprender a gestionar los riesgos y desviaciones.

Las superioras y los gobiernos generales, aunque no se ocupen directamente de la comunicación, deben ser conscientes de cómo funciona, de qué implicaciones tiene el espacio digital en la misión y en la vida del instituto.

Es oportuno:

  • Crear espacios de reflexión de todas las hermanas sobre el uso de las redes sociales y los diversos espacios digitales.
  • Poner en marcha procesos de discernimiento comunitario e incluir la cultura digital en la formación.
  • Hacer formación a través de la red y usar la red para hacer formación.

Los espacios sociales no son instrumentos para usar, sino espacios antropológicos para habitar. ¿Cómo estamos como congregación?, ¿qué imagen emerge de nosotras desde la red? ¿cuidamos nuestra identidad en la red del mismo modo que cuidamos otros aspectos de la vida no virtual?

Por curiosidad, os invito a buscar en Google nuestra congregación y ver qué resultados emergen entre los primeros cinco de la lista (en general, las personas no van más abajo), si tenemos una pagina web o Facebook, seguramente sean los primeros resultados; otros, pueden ser las referencias en Wikipedia o en iniciativas de otros en las que nos hemos implicado. Esta es nuestra identidad digital. Si nosotr@s no contribuimos a desarrollarla, será la red con sus algoritmos que lo hará por nosotr@s.

               ¿Esto es lo que queremos, sabiendo que hoy quien quiere saber algo de nosotras busca el contacto en la red?

               La vida religiosa no vende un producto, pero quiere compartir los valores evangélicos y, por tanto, ser agente de transformaciones, interiores y sociales de cambio existencial.

               Dedicarse a la comunicación para el mundo religioso significa comunicar para crear comunión, relación, encuentro. La comunicación, a través de sus espacios y medios, informa, estimula a la acción y narra.

               ¿Quién mejor que la vida religiosa femenina tiene algo bello e importante que decir?

                                                                              Fragmento del libro: “Comunicar la misión”.