Alabada sea la Santísima Trinidad
Nos unimos a toda la Iglesia universal en esta Celebración de la solemnidad de la Santísima Trinidad.
El misterio de la Trinidad es uno de los más hondos de nuestras creencias y una dimensión de Dios que Jesús de Nazaret nos enseñó. Para nosotros, aquí y ahora -y dicho con la mayor sencillez y humildad- el Dios trinitario no es Dios solitario y solo. Es un Dios con familia, surgida de un acto infinito de amor.
Hoy Adorar su unidad es adorar su esencia. Y la esencia de Dios es el amor. Sólo el amor es digno de fe, de gloria y de adoración. Nuestro Dios es amor. La comunión de las tres personas divinas es la fuente de este amor. A través de ella Dios nos une a él y nos transforma a la imagen y semejanza de Cristo glorioso.
El Papa Francisco nos recuerda el misterio del amor de Dios vivo y que hemos sido llamados a vivir los unos con los otros, no en contra de los otros.
No estamos llamados a vivir "los unos sin los otros, encima o contra los otros", sino "los unos con los otros, por los otros y en los otros". Ello significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón.
Además, menciona el Papa que tener una vida cristiana es un camino trinitario, en donde el Espíritu Santo nos guía al conocimiento de las enseñanzas de Cristo y Jesús nos presenta al Padre y reconcilia con Él.
Celebremos con alegría y confianza esta fiesta haciéndola propia especialmente de nuestra congregación, Hospitalaria Franciscana, viviendo en el Amor, la fraternidad, el Perdón.
Oremos unas por otras para que así sea. Y cómo decía el Padre Cristóbal lo repetimos y cantamos:
Alabada sea la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo,
Bendita sea por sus infinitas perfecciones, bondad, Virtud y Poder…”






