Clara es tu nombre, claro es tu vivir
Hoy 11 de agosto la familia franciscana se une en torno a Santa Clara. Ella nació en Asís, Italia, en 1193; desde pequeña fue asidua a la oración y mortificación a ejemplo de su madre. En ese entonces se oía de los Hermanos Menores, como se les llamaba a los seguidores de San Francisco de Asís. Su llamada y su encuentro con el Santo de Asís. La conversión de Clara se efectuó al oírlo predicar, a los 18 años. Este santo insistió en que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales. Santa Clara se fugó de su casa un 18 de marzo de 1212, Domingo de Ramos, iniciando así la gran aventura de su vocación. Llegó a la humilde capilla de la Porciúncula, donde Francisco y sus hermanos la esperaban para que se consagrara. Siendo cofundadora de la Segunda Orden Franciscana, más conocida como Las Clarisas. Se consideró la plantita del Santo de Asís, puesto que se dejó guiar espiritualmente por él.
De rodillas, Clara hizo la promesa de renunciar a las riquezas y comunidades del mundo y de dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. Por el testimonio de sus hermanas que convivieron con ella se sabe que varias veces, cuando hacía frio, se levantaba a abrigara sus hijas a las que eran más delicadas les cedía su manta. Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo era alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, que por fin fue otorgado por Inocencio III.
Al igual que Francisco, fue muy penitente y austera, mortificaba su cuerpo constantemente, durante los 42 años de su vida consagrada.
Para la santa la oración era alegría, vida, fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. Acostumbraba pasar varias horas de la noche en plegarias para abrir su corazón al Señor y recoger en su silencio las palabras de amor. Contenidos en sus escritos y testamento, mostrando su sensibilidad y espiritualidad de minoridad y fraternidad. Compartimos un extracto de la carta dirigida a la hermana Ermetrudis, donde muestra su amor inefable a Jesucristo y hermanas.
“Oh carísima, mira al cielo que nos invita, y toma la cruz y sigue a Cristo, que nos precede; porque, tras las diversas y numerosas tribulaciones, por él entraremos en su Gloria. Ama con todas tus entrañas a Dios y a Jesús, su hijo, crucificado por nosotros pecadores, y que su memoria no se aparta nunca de tu mente; procura meditar continuamente los misterios de la cruz y los dolores de la madre que está de pie junto a la cruz. Ora y vela siempre. Y la obra que has comenzado bien, llévala a cabo con empeño, y cumple el ministerio que has asumido en santa pobreza y en humildad sincera. Oremos a Dios la una por la otra, pues así, llevando cada una la carga de la caridad de la otra, cumpliremos con facilidad la ley de Cristo”
Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damián, soportando todos los sufrimientos con paciencia heroica. Diferentes cardenales y obispos iban a pedirle consejos. El 11 de agosto de 1253, a los 60 años y dos días después que su regla fuera aprobada por el Papa, parte a la presencia del Señor.
Sus restos se encuentran incorruptos en la Basílica que lleva su nombre. Hoy encomendémonos a su santa intercesión.






