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Jesús Nazareno “Es" El “Yo Soy”

Jesús Nazareno “Es" El “Yo Soy”


Estamos viviendo el tiempo de Cuaresma, en el que de modo especial, meditamos y contemplamos a JESÚS en su Pasión y Muerte.

Jesús Nazareno es el Centro de Nuestro Carisma y Espiritualidad Hospitalaria Franciscana. Contemplándolo con su Cruz a cuestas, descubrimos la Dignidad y Soberanía de un Dios Amoroso y Misericordioso que camina hacia la Cruz y entrega su vida por mí y por toda la Humanidad para redimirnos del pecado.

En nuestra oración y encuentro con ÉL, hoy meditamos y reflexionamos el pasaje del PRENDIMIENTO (Jn.18, 4-8): Jesús se dirige a los soldados romanos y les pregunta ¿a quién buscáis, ellos responden “a JESUS EL NAZARENO”. Jesús les dice “YO SOY”.

Con esa expresión “YO SOY”, Jesús se identifica con el mismo nombre propio y sagrado de Dios. Jesús es el “YO SOY” que hablo a Moisés en el Monte Sinaí. Juan en su Evangelio nos lo presenta en varias ocasiones y lo hace mediante definiciones simbólicas:

“YO SOY “el Pan de vida - “YO SOY” la Luz del mundo - “YO SOY” la vid.

“YO SOY” el Buen Pastor - “YO SOY” el Camino, la Verdad y la Vida.

“YO SOY” la Resurrección y la vida.

El “YO SOY” es la fuente y razón de toda existencia, sobre todo de toda existencia redimida. Por eso si nos acercamos y comulgamos con el “YO SOY” beberemos de la fuente del Ser y de la Vida.

JESUS NAZARENO nos invita a replantearnos nuestra existencia y nuestro camino detrás de ÉL. A poner nuestra vida al servicio de nuestra misión integrando la oración y la acción, entregando nuestra vida al servicio de nuestros hermanos, sobre todo, los más necesitados como lo hizo nuestro Fundador Beato Cristóbal.

JESUS NAZARENO es el Señor de nuestra vida, no somos para nosotras somos de ÉL y para ÉL, vivimos para ÉL, trabajamos para ÉL, amamos en ÉL y para ÉL.

Terminamos nuestra oración pidiéndole que su vida, sea nuestra vida y en todo tiempo y lugar vayamos a buscarlo, no como los soldados romanos para entregarlo, sino para quedarnos con ÉL y acompañarlo en su camino hacia el Calvario. Que cuando oigamos de sus labios decirnos “YO SOY” caigamos a sus pies para adorarlo y decirle con todo nuestro ser: “MI DIOS Y MI TODO”.