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Y todo cambió... Jueves Santo

Y todo cambió... Jueves Santo


El Jueves Santo puede ser un día clave en la vida de nuestra Congregación, no solo porque marca el inicio del Triduo Pascual sino porque nos recuerda que “ASÍ TODO CAMBIÓ”. Como consagradas este día es en toda regla una invitación a no perder la oportunidad de renovación y cambio que Dios nos ofrece, abriendo la puerta a tiempos nuevos en nuestra Congregación.

En la Última Cena, Jesús nos dejó un legado de amor y servicio. Al lavar los pies de sus discípulos, nos mostró que el verdadero liderazgo se basa en la humildad y el servicio a las y los demás. Este acto nos desafía a dejar atrás viejas actitudes y a abrazar una nueva forma de vivir en comunidad, donde el amor, la compasión y la solidaridad sean el centro de nuestras acciones. En nuestra Congregación, este llamado a servir tiene que pasar necesariamente por un compromiso al cambio, pero, sobre todo, a ser conscientes que es el único camino para afrontar los nuevos tiempos, que hacen que la vida Consagrada en su más puro estado sea todo un desafío.

La Eucaristía, que celebramos en este día, es un signo poderoso de unidad y renovación. Al participar en este sacramento, somos llamadas a nutrir nuestra fe y a fortalecer nuestros lazos con Dios y entre nosotras. Este encuentro con Cristo nos impulsa a dejar atrás lo viejo y a abrirnos a las posibilidades que nos ofrece el futuro. En este camino hacia tiempos nuevos, la Eucaristía se convierte en el alimento que nos sostiene y nos guía, recordándonos que somos parte de un cuerpo vivo en constante transformación.

A medida que avanzamos hacia la Pascua, el Jueves Santo nos invita a reflexionar sobre cómo podemos ser instrumentos de renovación en nuestra Congregación y en toda la Familia Nazarena. Es un momento para dejar atrás el rencor, las divisiones y las viejas heridas, y para abrazar la esperanza de un futuro lleno de amor y reconciliación. Que este Jueves Santo sea un tiempo de transformación, donde cada una de nosotras pueda abrir su corazón a los tiempos nuevos que Dios tiene preparados para nuestras vidas, fortaleciendo así nuestra misión de ser luz y esperanza en el mundo.