Estad alegres, el Señor está cerca
“Los patojos de Dios”
En mi misión en Guatemala, como Hermana Hospitalaria de Jesús Nazareno Franciscana, he descubierto un gran misterio de fe: los jóvenes aquí no caminan… ¡vuelan! Y tampoco se llaman simplemente jóvenes; con todo el cariño chapín, se les dice patojos y patojas, una palabra que alegra el alma solo con pronunciarla.
Este Tercer Domingo de Adviento nos invita: “Estad alegres”. Y yo pienso: “Señor, si vieras a mis patojos, entenderías que ellos ya vienen con el chip de la alegría incorporado”. Llegan a los encuentros medio dormidos, pero basta que alguien diga “¡Hermana, hoy hay actividad!” para que se despierten como si hubieran escuchado un llamado del cielo: “El Señor está cerca”.
Mi misión es reunirlos, acompañarlos y conducirlos hacia un adviento especial, aunque a veces siento que ellos me conducen a mí… ¡literalmente! Porque cuando la parroquia organiza un evento, allá vamos todos montados en nuestro vehículo descapotable, que no es otra cosa que la camioneta que la parroquia nos presta para nuestros encuentros. Nadie puede negar que el Espíritu Santo viaja con nosotros… y que disfruta del paseo.
Entre dinámicas donde las carcajadas son más fuertes que los altavoces, cantos que empiezan desordenados y terminan como oración, y ocurrencias que solo un patojo puede inventar (“Hermana, ¿Maria camino de Belén también viaja en descapotable verdad?”), el Señor se hace presente. Y cuando uno de ellos, en medio de tanta risa, se pone serio y me dice:
“Hermana… hoy sí sentí a Jesús cerquita”,
entonces mi corazón celebra los cuatro domingos de adviento juntos
Amo trabajar con la juventud. Ellos son mi alegría cotidiana, mis maestros de creatividad y mis recordatorios vivientes de que Dios llega siempre con luz nueva… y a veces con buen humor incluido.
Por eso puedo decir que en Guatemala, el Adviento se vive con sonrisa, esperanza y espíritu joven.
Porque allí donde hay un patojo o una patoja de Dios,
el Señor ya está cerca… y llega riéndose con nosotras.






