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Escucha y ayuna

Escucha y ayuna


El Miércoles de Ceniza abre para nosotras un tiempo de gracia. León XIV, en su mensaje para esta Cuaresma, nos invita a volver a la sabiduría divina que se esconde en la vida diaria. Una sabiduría que comienza con una pregunta sencilla y valiente: “Señor, ¿cómo ves tú esto?” Mirar la realidad con los ojos de Dios transforma lo ordinario en lugar de encuentro.
En este camino, la Iglesia nos recuerda que la cruz y el límite no son fracasos, sino manifestaciones del amor de Dios. Las pequeñas cruces de cada día —una renuncia, un malentendido, un cansancio— pueden convertirse en oportunidades para amar, perdonar y ofrecernos. Así lo vivió el Padre Cristóbal de Santa Catalina, que supo descubrir en cada herida humana un espacio para la caridad concreta.
Este año, el Papa nos regala dos palabras que resuenan con fuerza, especialmente para lxs jóvenes: escucha y ayuna. En un mundo saturado de ruido, notificaciones y comparaciones, escuchar es casi un acto contracultural. Escuchar es detenerse, prestar atención, dejar que algo toque el corazón. Es preguntarse: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Qué necesita la persona que tengo delante?
Por eso el ayuno se vuelve compañero de la escucha. No es castigo, sino libertad: ayunar del móvil, de la comparación, de palabras impulsivas, de relaciones superficiales, del “todo para ahora”. Ayunar es recuperar el control del propio corazón para discernir: ¿Qué opción me ayuda a ser más fiel al Evangelio?
La Cuaresma nos invita también a cultivar una mirada contemplativa: reservar breves momentos de silencio y releer el día con Dios. Y, como criterio último, vivir la caridad: ¿He mirado hoy a las personas como las mira Dios? ¿A quién necesito pedir perdón o servir?
En año del este aniversario del Cántico de las Criaturas, san Francisco nos recuerda que toda la creación canta la bondad de Dios. Que esta Cuaresma nos ayude a unir nuestra vida a ese canto, formando un corazón fuerte, libre y capaz de amar de verdad.