Unidas en el Carisma: Fiesta del Padre Cristóbal
Cada 24 de julio, nuestra Congregación se viste de gala espiritual para celebrar la memoria del Beato Cristóbal de Santa Catalina, nuestro fundador. En esta ocasión, la preparación ha adquirido un matiz profundamente comunitario y global. A lo largo de esta semana, a través de nuestras redes sociales, hemos iniciado un itinerario audiovisual que nos ha llevado a recorrer las distintas presencias donde late con fuerza nuestro carisma. Desde la calidez de República Dominicana hasta los valles de Ezcaray, pasando por la entrega abnegada en Perú, la fraternidad en Guatemala y el abrazo histórico de la Casa Madre, las voces de nuestras hermanas han resonado como un solo himno de gratitud y fe.
Esta travesía digital nos ha permitido contemplar la belleza y la pluralidad de nuestra misión. En cada testimonio compartido se refleja la esencia viva de nuestro fundador. Hemos escuchado a la Hna. Ana Estela Siri desde la casa de Ezcaray (La Rioja, España) recordar la dignidad inalienable de la tercera edad y la urgencia de alabar a Dios en todo momento de la existencia, convirtiendo la fragilidad en oración de intercesión por las residencias y sus trabajadoras. Hemos escuchado a la Hna. Rosibel Mozo desde República Dominicana recordar el trabajo en las guarderías y presencia de la Congregación en el mundo. Desde los hermosos paisajes de Guatemala, la Hna. Ana Mercedes Candelario nos comparte cómo el carisma hospitalario franciscano, iniciado por el Padre Cristóbal en 1673, continúa más vivo que nunca, a través de la catequesis parroquial, la Infancia y Adolescencia Misionera en las comunidades rurales, y la oración constante ante el Santísimo Sacramento, la misión sigue dando frutos de fe y consuelo. Hemos contemplado la labor de la Hna. María del Mar Medina en Perú impulsando la educación en Manchay y convocando al voluntariado joven, así como la atención cotidiana a más de un centenar de adultos mayores en el país. Hemos contemplado las imágenes del servicio humilde en América Latina y el recodo de oración en los pueblos de España. Finalmente, al detenernos en Madrid, la Hna. Juana Cerdán nos ha invitado a volver la mirada hacia las fuentes, rememorando el origen de una obra que nació de la compasión, el recogimiento eremítico en El Bañuelo y la total entrega a las personas más marginadas.
Este año, la celebración del Beato Cristóbal adquiere una resonancia aún más honda al enmarcarse en la conmemoración del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís (1226-2026). No podemos comprender la figura ni la intuición apostólica de nuestro fundador sin acudir a sus profundas raíces franciscanas. Como terciario franciscano, el Padre Cristóbal bebió directamente de la espiritualidad del Poverello de Asís. Su retiro de seis años en la soledad de El Bañuelo evoca de manera inevitable el espíritu contemplativo de las ermitas franciscanas, donde el silencio prepara al alma para la misión. Fue precisamente en ese desierto donde maduró su amor ardiente por la «Señora Pobreza» y donde sintió la llamada apremiante a bajar a la ciudad para socorrer la miseria humana.
Igual que San Francisco escuchó ante el Cristo de San Damián el mandato de reparar la casa de Dios, el Beato Cristóbal, arrodillado y sobrecogido en la capilla del Hospital de San Bartolomé ante la venerada imagen de Jesús Nazareno, escuchó en la intimidad de su alma aquella promesa indeleble: «Cristóbal, mi providencia y tu fe mantendrán esta casa en pie». Desde aquel instante, la Providencia Divina se convirtió en el pilar inamovible de su vida y de la Congregación. El amor franciscano por las y los más desfavorecidos se tradujo en gestos concretos de caridad: cortar leña y preparar hatos de picón para dejarlos sigilosamente en las puertas de las viudas y familias vulnerables del barrio de San Agustín, acoger a las personas sin techo y devolver la dignidad a quienes la sociedad daba por olvidados.
La huella franciscana del Beato Cristóbal se manifiesta hoy en la minoridad, la alegría sencilla y la hospitalidad con la que nuestras comunidades continúan abrazando el dolor ajeno. En un tiempo histórico caracterizado por la prisa, la soledad y la fragilidad, el testimonio de nuestro fundador nos recuerda que el amor de Dios no es un concepto abstracto, sino una presencia concreta que transforma vidas. Celebrar al Beato Cristóbal en este jubileo franciscano implica renovar nuestro compromiso con las y los más frágiles, manteniendo viva la llama de la fe y confiando en que la Providencia nunca desampara a quienes ponen su vida al servicio del Evangelio.
Invitamos de todo corazón a toda la gran familia hospitalaria —hermanas, colaboradores, residentes, voluntarixs y bienhechores— a sumarse activamente a las celebraciones de este próximo viernes. Que cada vídeo publicado, cada palabra compartida en nuestras redes sociales y cada oración elevada durante estos días nos dispongan a vivir la fiesta de nuestro Padre Fundador con un corazón agradecido, fraterno y renovado en el amor a Cristo y a los pobres.






