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San Francisco y las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas: Aliadas ante una Creación Herida

San Francisco y las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas: Aliadas ante una Creación Herida


Miren la imagen: San Francisco de Asís rodillas en tierra, dividido entre la armonía de la naturaleza y la devastación de la crisis ambiental. A la izquierda, la belleza intacta de los prados y las criaturas; a la derecha, la furia desatada del fuego, los tornados y la sequía. Esta escena, tan poderosa como inquietante, no es solo un recurso estético: es una llamada urgente a la conciencia cristiana y humana. En ella se condensa el drama de nuestro tiempo, donde la belleza de la creación convive con su deterioro acelerado.

El lema «San Francisco, hermano de una Creación herida» sitúa el dolor de la Tierra en el centro del compromiso de fe. Hoy, esa “herida” no es una metáfora romántica, sino el resultado directo de la sobreexplotación, el consumo desmedido y la indiferencia. Esta afirmación resuena profundamente con el diagnóstico que el papa Francisco desarrolla en Laudato si’, cuando denuncia “el daño que hemos infligido a la hermana tierra por nuestra irresponsable explotación de los bienes que Dios ha puesto en ella”. La encíclica insiste en que la degradación ambiental y la degradación humana son dos dimensiones inseparables de una misma crisis moral.

Sabemos con profunda certeza que quien daña el entorno, daña también a lxs más vulnerables. Esta intuición coincide plenamente con el corazón de Laudato si’, donde se afirma que la tierra “está entre lxs pobres más abandonadxs y maltratadxs” y que su clamor es inseparable del clamor de las personas pobres. La crisis ecológica no es solo un problema técnico o científico: es una cuestión de justicia, como nos ha recordado recientemente el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitatis. Los y las empobrecidas son quienes sufren primero y con mayor intensidad las sequías, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y los desastres climáticos.

Esta visión tiene raíces profundas en la tradición de la Iglesia. Ya en León XIII, especialmente en Rerum Novarum (1891), se denunciaba la explotación de la persona trabajadora y la concentración de riqueza como males que hieren la dignidad humana y rompen la armonía social. Aunque el Papa no aborda directamente la cuestión ecológica —propia de un tiempo posterior— sí establece un principio fundamental: la creación no puede ser sometida a una lógica de abuso, porque ello destruye la vida de los pobres y vulnera el orden querido por Dios. La crítica de León XIII a la “acumulación desmedida” y a la “codicia del lucro” anticipa, en clave social, lo que hoy reconocemos como causas estructurales de la crisis ambiental.

Aquí cobra un sentido profundo la presencia del sello de las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno. Su carisma de hospitalidad y cuidado no se limita a las paredes de un centro de salud o una obra social. Herederas de esta sensibilidad, las hermanas entienden que sanar al ser humano exige sanar la casa común. El cuidado del doliente y la defensa de la naturaleza son dos caras de la misma moneda caritativa. La hospitalidad se convierte en una ética integral que abraza tanto al doliente como al entorno que sostiene su vida.

Laudato si’ habla de esta misma lógica cuando propone una ecología integral, donde todo está conectado: la persona, la comunidad, la economía, la cultura y el ambiente. No se puede cuidar a la persona enferma sin cuidar el aire que respira, el agua que bebe, la tierra que produce sus alimentos. Las Hermanas Hospitalarias, desde su misión caritativa, se sitúan así en la línea de esta visión profética: proteger la vida humana implica proteger la creación que la hace posible.

Francisco de Asís no nos invita a una contemplación pasiva, sino a un cambio radical de vida. Esta idea es central en Laudato si’, donde el papa Francisco retoma el espíritu del santo para denunciar la cultura del descarte, el consumismo y la indiferencia global. San Francisco es presentado como modelo de una relación reconciliada con la naturaleza, donde cada criatura es hermana y donde la austeridad es camino de libertad.

Pero esta contemplación franciscana exige decisiones concretas. La imagen nos exige elegir: o perpetuamos el modelo del desastre o asumimos una ecología integral fundada en el respeto, la austeridad y la fraternidad universal. Esta elección es profundamente evangélica y profundamente actual. León XIII, en su tiempo, llamó a transformar las estructuras injustas; también hoy, los papas Francisco y León XIV nos llaman a transformar también las estructuras que destruyen la creación.

La Tierra agoniza y el tiempo se agota. Laudato si’ lo confirma con un lenguaje igualmente urgente: la hermana tierra «gime y sufre dolores de parto» (Rom 8,22). La verdadera hospitalidad hoy consiste también en proteger el único hogar que compartimos. Las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, fieles a su carisma, son aliadas en esta misión de cuidado integral, donde la compasión se extiende a toda la creación.